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sábado, 28 de abril de 2018

Excursiones por Los Pirineos, Candanchú y la Sierra de Aísa.

El tercer día de andanzas pirenaicas lo pasé disfrutando haciendo el cabra por los picos de la zona de Candanchú, amén de disfrutar de alguna de sus instalaciones pues aún en pleno verano siempre tienen algo en funcionamiento y tiendas y restaurantes donde avituallarse. Subí en un bus a la estación y tras adquirir un ticket un estupendo telesilla me elevó al Tobazo, 2020, desde donde se tiene una estupenda vista de la Sierra de Aísa y el Pico Aspe. Vamos a darnos un paseo.

De frente mismo tenemos la impresionante mole del Sombrero, 2.562, y a su lado el Pico de la Garganta de Aísa 2.502, no menos impresionante.

Hacia el sureste destaca la mole del Collarada por encima de todos y a la izquierda el Moleta.

La Pala de Ip, 2.775, sobre la Canal de Izas, impresionante, ¿no les parece?

Mi buen amigo, el Anayet, sobre La Canal Roya.

Y más allá del Valle de Astún el fabuloso Pic du Midi D´Ossau. ¡Aggg! tengo que verlo desde más cerca que mi cámara no tiene teleobjetivo, otro día.

Por andar algo me voy acercando al precioso Pico de Aspe, 2.640, parece que lo pudiera tocar con la mano. Del Monte Tobazo atravieso por el Puerto de Tortiellas y me dirigo a las Puntas de Esper, subiendo primeramente a La Zapatilla.

Un poquito más y subo a La Tuca Blanca, 2.322, desde donde intento algún penoso autorretrato dejando la cámara sobre una piedra. A mis pies tenía el bonito Barranco de Tortiellas.

De la Tuca Blanca avancé hasta la cota 2.417 con la mirada fija en el Aspe y en su Cuello pero finalmente desistí de intentar subir pues no lo conocía más que por fotos y no me quise arriesgar, más que nada por la bajada. Entre estas dos cotas me ocurrió una curiosa anécdota que aún recuerdo, pues al tiempo me cruzaron un par de escuadras de soldados de la cercana Escuela Militar de Montaña y Operaciones Especiales, bien pertrechados, supuestamente camuflados, rostros entintados, muy guapos ellos, ¡pero haciendo más ruido que una manada de mamuts! Y me salió el cabo chungo del alma y les cayó una bronca del copón y como me salió alguno respondón debieron oirnos en Oloron, France.
La cosa no pasó a mayores al aparecer un teniente, un novato a todas luces, que les venía controlando, y atendió a mis razones; si les pillo yo en mi época de infantería pinrelera bajo a Candanchú luciendo en mi cuello todas sus cabelleras. ¡No sabían andar por el monte! Se les oía llegar desde kilómetros, mientras comían el bocata yo subí y bajé a la cota 2.417 y ni se enteraron a parte del avisado teniente. Espero que tomara buena nota, pues si andas por el monte ni tienen que oírte, ni olerte ni verte sus habitantes, y menos a un soldado.
Pura anécdota pues al no atreverme con el Aspe con algo tenía que rugir el viejo león.


Regresé al Tobazo rumiando alguna cima para el día siguiente, que no me podía marchar así de Pirineos. Aunque fuera en zapatillas todas esas cimas estaban bien a mi alcance, pero el monte es de los precavidos no de los atrevidos.


Una vista aérea de la zona con el paseo marcado con flechas, por si váis un día por allí. Comí en Candanchú antes de bajar a Canfranc pues aquella tarde la preceptiva tormenta se retrasó un poco.

Me pilló cuando esperaba el bus, lo justo para llegar al hotel empapado, pero Los Pirineos son así, maravillosos.
Mañana un paseo por Astún.

Si váis a esta zona os aconsejo haceros con un buen mapa y guía que se puede adquirir en la Oficina de Turismo, los modernos gps están bien pero nunca está de más una brújula y un mapa.


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