jueves, 24 de diciembre de 2015

Viaje por el norte de España, Final: Santiago de Compostela.

Y al fin Compostela. Un largo y bonito viaje en tren por el norte de España ha de tener un buen colofón y qué mejor destino que Santiago de Compostela. Aunque llovía un poco aquella mañana al ser festivo y haber llegado un buen grupo de peregrinos había bastante ambiente por las zonas aledañas a la catedral.

Como me alojé en A tafona do peregrino aproveché para dar antes de nada un paseo por el mercado de abastos buscando marisco, pero al ser lunes y festivo había muchos puestos cerrados y no encontré lo que buscaba con ahínco: la oreja de Venus; ¿nunca la habéis probado? La encuentro muy superior a la ostra. Y después nos vamos a buscar a los amigos.

En la Plaza del Obradoiro se encontraban reunidos para hacerse una foto unos doscientos Hospitaleros Voluntarios del Camino de Santiago llegados de toda España, de Francia, Alemania, Italia, incluso alguno de los Estados Unidos de América. Conmemoramos los 25 años del nacimiento de tan singular asociación, a la que yo pertenezco desde hace 10 años, y nos hicimos una foto conmemorativa haciendo la forma de los dos números en plena plaza y bajo una pertinaz llovizna que nos estropeó un poco el acto.
Espero que la foto, nos la hicieron desde el Palacio de Rajoy, saliera bien pues justo cuando los fotógrafos salieron al balcón para hacer sus disparos nos calló un buen chaparrón.
Llueve en Santiago, ¿y luego?

Tras despedirme de los Hospitaleros Voluntarios, que tenían comida organizada en la Hospedería de San Martín Pinario, don Mario Clavel Blanch, el insigne profesor y gran amante del Camino, me llevó a comer a Casa Manolo, donde tantos y tantos peregrinos recuperan sus fuerzas menguadas tras pasar tantos días haciendo el Camino de Santiago. Muy recomendable, se come estupendamente y a un precio asombroso; por lo barato.


Horas mas tarde comienzo mi ronda nocturna en O´Filandon tomando un estupendo mencía para entonarme, por fin hacía algo de frío después de tantos días calurosos en este extraño mes de diciembre y mis huesos notaron el cambio. Los muchachos dejan notas de lo más curioso colgando de las paredes, alguna incluso tiene una gracia peculiar.

Después viene bien caminar un poco por las calles y plazas de la ciudad. Terminé cenando en un restaurante de la calle Raiña, muy sencillo y relativamente barato.

El día de la Inmaculada Concepción es fiesta en Santiago de Compostela y volví a quedar con don Mario que me llevó a conocer un lugar estupendo: Casa Felisa, que tiene un patio espectacular, y tomar allí un buen vino godello de Valdeorras es un lujo. Está en la calle Rúa Porta da Pena, un poco más arriba de San Martiño, en la foto.


Para comer me dí un homenaje, es fiesta especial este día para uno que hizo la mili en infantería, y me fui hasta O Curro da Parra, en la Rúa Travesa. Es un sitio pequeñito pero que preparan unos platos muy curiosos, ¡setas con piñones! Rico, rico.
Y después algún chupito de caña de hierbas en la zona de Santo Agostiño; más bien como digestivo, no me fuera a sentar mal tanta delicatessen.



Como en estas fechas oscurece tan pronto casi todas las fotos son nocturnas; tan solo llevé en este viaje una pequeña cámara Samsung.
Me gusta pasear por el casco antiguo, ir de un sitio a otro, tomar un chato en Bierzo Enxebre y media tabla de pulpo en Los sobrinos del padre, en la rúa da Troia, y después bajar hasta la rúa da Raiña a tomar otro chato en la vinoteca Ventosela, o en María Castaña, o en O Gato Negro, o en...

En fin, aunque a las diez de la noche ya casi no había un alma por las calles para quien conoce un poquitín Santiago de Compostela nunca falta un sitio donde cenar y tomar la arrancada. Pero antes de partir hay que rendir homenaje a don Alfonso II El Casto, que fue quien comenzó todo este follón y maravilla que es Compostela.
Hasta la próxima Santiago, que será la semana venidera. Pues allí pasaremos la Noche Vieja, ya os contaré algo.