viernes, 11 de diciembre de 2015

Viaje por el norte de España, 2º parte: Oviedo.

Mi siguiente etapa viajera por el norte de España me llevó desde Santander hasta las tierras de Don Favila y la sidra alegre. ¿Que no sabéis quién fue Don Favila? Mirar bien el cuadro, en él se muestra al hijo de Don Pelayo peleando a brazo partido con un oso; ganó el oso y tuvo que ser su cuñado Don Alfonso, que era cántabro, el que se tuviese que hacer cargo del reino asturiano. Su hermana, doña Hermenesinda, enterró los destrozados restos humanos de Don Favila en el templo de La Santa Cruz de Cangas de Onís y cuando al poco tiempo su esposo reconquistó la ciudad de Lugo ambos fueron coronados como reyes de Las Asturias. Por cazar un oso perder un reino...eso solo se le ocurre a un asturiano, paisano.
Pero dejemos la historia medieval y vayamos con las fotografías.

Pasear por Oviedo, su casco antiguo casi totalmente peatonal, es una delicia y algo que os recomiendo encarecidamente.

Por cuestiones personales bajo desde la catedral hasta la calle Regla, cutrez de barrio viejo, cutrez de gente, ideas ramplonas, pintadas recurrentes; me las piro como el vampiro hacia zonas civilizadas.

Me gusta pasear por la zona del mercado cubierto y tomar algo en los muchos bares que hay por la zona; había animación este viernes y la gente compraba muchas flores para decorar su casa con vistas a las próximas fiestas.

La ciudad está repleta de estupendas esculturas que se pueden encontrar en cualquier rincón.
Comí en el restaurante Los Oscos, muy cerca de la estación de ferrocarril, y esperé a que llegara la noche para volver a pasear por la ciudad.

La iluminación navideña da un ambiente muy guapo, como dicen allí, a las calles céntricas y te anima a caminar despreocupadamente.

A esta edad mía y son tantas las veces que he ido a Oviedo que las piernas me llevan solas hasta la calle Gascona, ¡a sidras, oh! Bueno pues habrá que tomar alguna.


Convenientemente rehidratado ya se puede callejear por la ciudad hasta que se abra el apetito y se cene alguna delicia asturiana.

Estuve viendo una estupenda exposición de belenes y salí gratamente sorprendido; incluso tenían una reproducción muy fiel de la iglesia del rey Ramiro.

Terminé cenando en la gran taberna de Lola, muy cerca de la plaza de Alfonso el Casto, cena apoteósica (ya he tenido otras en este lugar) Me hicieron recordar el lomo de bacalao a la cazuela os sabores naturales, como cuando lo hacía mi abuela y mi abuelo me decía: ¡toma pan y moja! Mi madre también lo preparaba de modo exquisito pero ya no era lo mismo, lo servía en plato grande como en los restaurantes.
El bacalao de la abuela y la chapela del abuelo soltando bilbainadas.
Sabores de barro.
¿Venimos del barro?
Y aún disfruté de algún buen paseo antes de irme a la cama pues la temperatura en la ciudad era bastante agradable.
Al día siguiente me esperaba un largo viaje, hasta Ferrol, y no convenía trasnochar.