sábado, 19 de diciembre de 2015

Los cerebros plateados, novela de Fritz Leiber

Ayer mismo terminé de leer esta maravillosa novelita titulada Los cerebros plateados cuya portada os expongo para que si algún día la encontráis no dejéis de comprarla y leerla. Es una obra de las llamadas menores del famosísimo escritor estadounidense Fritz Leiber.

Fritz Leiber comenzó a publicar allá por el año 1.939 sus primeros cuentos; fue un maestro del relato corto y los cuentos fantásticos, de terror, de ciencia ficción, de lo que se le ocurriera, y ya en 1.943 sacó adelante sus primeras novelas. Para mí es el maestro de las fantasías heroicas, y de su mano salieron las mejores historias de Dragones y Mazmorras; nunca ocultó su admiración por el maestro del terror H. P. Lovecraft y por el escritor inglés Robert Graves, el autor de Rey Jesús, pero el caso es que con Esposa hechicera, publicada en 1.943, ya conoció la fama y ganó un montón de dinero lo que le permitió vivir bastante bien y escribir sobre cualquier cosa que le apeteciera. Por ejemplo ciencia ficción; y en el año 1958 lanza The Big Time y todos los escritores y lectores del género se rinden a sus pies, ¡el autor de las novelitas de Dragones y Mazmorras es un genio de la ciencia ficción! Se llevó todos los premios habidos y por haber.


En el año 1961 publica Los cerebros plateados, que es una charada que tan solo un maestro como Leiber se atrevería a llevar a la imprenta. Yo comencé a reírme en la primera página y la cantidad de carcajadas que me arrancó su lectura me parece impagable, verdaderamente.
¿De qué va Los cerebros plateados? Pues de "los intelectuales", la gente estirada y fingida que va por la vida de "escritor" "pintor" "músico" etc. y son unos petardos como personas y unos ignorantes de tomo y lomo. El protagonista, humano, se hace llamar Gaspard de la Nuit (me encanta esa suite de Maurice Ravel) y dice ser escritor, aunque no pasa de ser mecánico (¿a quien me suena eso?) pues en su tiempo del futuro los libros de todo tipo son escritos por máquinas redactoras y él tan solo se limita a introducir los manidos clichés de cualquier historia y pasarles el polvo mientras redactan las historias. Tiene por compañero y colega a otro escritor, en este caso robótico, Zane Gort que se gana una pasta gansa escribiendo relatos románticos para robots y por amante a la fogosa, también escritora, Eloísa Ibsen (que no tardará en traicionarlo y dejarle tirado, más exactamente en plena calle con un puñetazo en la cara propinado por su nuevo amante Homero Hemingway, el tío cachas) pero no tardará en quedar prendado por los encantos de la enfermera Bishop (que tan solo usa como vestimenta una bata blanca y lencería de lujo y trampa) la cuidadora de los cerebros plateados pues ha estallado la revolución de los intelectuales, se han cargado las máquinas redactoras, ya no se publican libros, nadie (aparte de los robots) sabe escribir ni la lista de la compra y esos cabeza huevo resultan ser los cerebros cultivados de los mejores escritores, músicos y pintores del siglo XX que se mantienen dentro de una estructura futurista perfectamente conservados y tan solo de ellos puede provenir el renacimiento de la literatura y otras artes. Cuenta con la ayuda de Zane para protegerlos pero este latoso amigo se enamora de la róbix Rosita Rubores que trabaja como censora, siempre atenta a conservar la moral impoluta, en la editorial Rocket House y casi siempre andará a su puñetera bola dejando al pobre Gaspard corriendo de un sitio para otro cuidando de los cerebros plateados y deseando que le cuide la enfermera Bishop (y además bien a fondo)


En fin, una charada de novela en la cual Fritz Leiber les da un repaso de órdago a todos los "famosos intelectuales" de su época. Hay que haber leído bastante literatura estadounidense del siglo pasado para sacarle el jugo que tiene esta ficción pero aún así no deja de ser la obra de un artesano extraordinario que de un chiste es capaz de sacar una obra de arte.
Os la recomiendo, encontraréis pequeñas joyas como esta:
En la última fortaleza del último planeta defendido por los terráqueos, Grant Ironstone sonrió a su aterrado ayudante Potherwell. "Cada victoria del Gran Khan -dijo Grant pensativamente- acerca más a la derrota a los octópos amarillos. Te diré por qué, Potherwell, ¿sabes cuál es la fiera más terrible, más astuta, más peligrosa de todo el universo cuando se despierta? "Un octopo enloquecido", sugirió Potherwell. Grant sonrió. "No, Potherwell -dijo colocando un dedo sobre el estrecho tórax  del tembloroso ayudante-. Eres tú. ¡El hombre! ésa es la respuesta."
Ya os digo un genio, don Fritz Leiber