martes, 18 de noviembre de 2014

Hongos de la Montaña Leonesa, setas comestibles y toxicas.

El domingo pasado estuve caminando por la rivera del río Esla, la calzada romana que recibe el nombre de Camino Real, y encontré docenas de hongos de todo tipo y tamaño. No soy un experto pero me encanta fotografiarlos, y poco a poco voy distinguiendo algunos. Siempre está la dicotomía de: ¿serán comestibles o venenosas? Para mí todas son tóxicas mientras no se demuestre lo contrario, incluso las que son comestibles hay que saber cocinarlas; no se puede hacer un revuelto con huevos echarle cualquier seta y ¡al coleto! Lo mínimo que puedes pillar es una gastroenteritis de aúpa.
La seta de la foto podría ser una Amanita verna, no es que sea tóxica es muy venenosa; te llevas ese hongo a la boca y cenas en el cementerio. Debajo de la lápida.
Vayamos con las setas de la montaña leonesa. Unas muestras.

Pasé la mañana caminando entre Las Salas y Valdoré, el camino, un tramo de la Ruta Vadiniense, estaba literalmente plagado de setas por todos lados. No puedes evitar pisar alguna en algún momento. Pero, esta seta tan bonita, ¿será comestible? ¿Y esta otra? Y comienzas a hacer fotos.

Empezamos con una Amanita citrina, mirar ese color amarillo, huele a patata, ¡puag! Yo no la tocaría.

Este podría ser un Boletus cavipes o un bovino, ¿esto se come? No están ricos los prepares como los prepares; déjalos como están.

Esta seta podría ser una Calocybe onychina o una Russula muy parecida pero está siendo parasitada por un hongo baboso, ¡puag! Los hongos no solo parasitan a las plantas y a los animales, no son ni una cosa ni la otra, también se parasitan entre sí.

Aquí tenemos un par de ejemplares de Calvatia caelata, mala como ella sola; cuando suelta las esporas da un olor tremendo. Pedos de lobo.

Otra seta mala con avaricia: Clitocybe brumalis. Estaba escondida bajo unos arbustos espinosos y apenas me pude acercar a tomar una foto.

Otra seta tóxica: la Clitocybe cerussata; se encuentran por todas partes pues no se las comen ni los ratones.

Clitocybe dealbata, venenosa como la peor de las amanitas. Solo mirarlas y salir corriendo.

Collybia dryphila; hay diferencia de opiniones acerca de esta seta, unos opinan que se puede comer y otros que tan solo te ganarás una buena gastroenteritis. Pero son muy bonitas.

Esta seta tan bonita debe de ser una Cortinarius; como la mayor parte de las cortinarius son venenosas mejor dejarla donde está.

Otra seta similar a la anterior, podría ser una Cortinarius callisteus o una fugens; da igual; son incomestibles.

¿Y qué me decís de esta preciosa setita creciendo en el tronco de un roble? ¿Te la llevarías a la boca? Ni se te ocurra, no es digerible por nuestros estómagos. Lo más seguro es que sea una Cortinarius delibutus.

Seguramente una Higrophorus discoideus. Muy bonita pero déjala tal y como está.

Pero sin embargo unos pasos más allá, sobre el tocón de un viejo árbol, vemos crecer las maravillosas Hipholoma capnoides, que son exquisitas; aunque también podrían ser del tipo dispersum que tiran a amargo y no a todo el mundo le gustan.
Sigamos caminando.

Estamos en noviembre, es la rivera del río Esla encajonada entre las peñas cantábricas, el suelo está tapizado de hojas de diferentes tipos de árbol, hay líquenes y helechos, musgos variados, y ¡setas! Setas por todas partes.
Miremos más de cerca alguna otra.

En algunos sitios quedan restos y escoria de carbón por lo cual las setas se tiñen de este mineral. Difícil para mí el identificarlas.

Otras no doy con ellas en ninguno de los libros que tengo; buscaré ediciones más modernas a ver si soy capaz de identificarlas.

Esta setita tan rosita y bonita seguramente es una Inocybe geophylla; ¿preciosa, verdad? Pero te puede matar casi con la mirada. Increíblemente venenosa debido a la gran cantidad de muscarina, un veneno terrible, que produce. Un hongito como este y te tienen que llevar a incinerar.

Pero unos pasos más allá, en un prado puedes encontrar docenas de Laccaria amatisthea; que se pueden cocinar y comer.

Y bajo un árbol una lujuriosa Laccaria amethystina; de un sabor muy agradable.
¿No ves que te está diciendo: llévame a tu boca?
Ojo, que son setas. Allá usted con lo se lleva a la boca.

Una Marasmius oreades, que se puede comer pero, ¡peches, peches! donde esté una amethystina sabrosona, ¿verdad?.

Bajo las raíces de un árbol encontramos un grupo de Micena aurantio, o tal vez sean marginata; da igual, solo valen para hacer fotos.

¿Y esta seta tan bonita? ¿A que parece un panecillo? Podría ser un Panellus serotinus. Pero son incomestibles.

Una cocada que encontré bajo unos arbustos: Peziza sucosa o familiar suyo. Nada, solo fotos.

Pero, ¿que me decís de estas Russula cyanoxantha? Son comestibles y crecen en los praos donde pastan las vacas. Pero, ¡mirarlas bien! pues sin en vez de cyanoxantha son Russula cavipes puedes pillar una gastroenteritis de aúpa al comerlas. Yo se las dejo a los jatos, que se las coman ellos.

Me encantan las Russulas, no puedo evitarlo. Esta podría ser una Russula emética. Es muy bonita, pero los que la han probado desaconsejan totalmente su consumo. Hagánles caso, todos los años muere gente en España por el consumo de setas sin control.

Esta podría ser una Tricholoma aggregatun o seta de San Jorge; pero estamos en noviembre. Yo no me fiaría y la dejaría donde está.

Y para no cansaros más otra Tricholoma, que podría ser una Tricholoma psamopus. Espectacular, alguna seta se estaba descomponiendo debido a su propio peso y el agua que nos calló encima el domingo pasado.
¿Os ha gustado esta pequeña exposición setera?


Pues ahora coger vuestra mochila y la cámara de fotos y salir al campo para ver setas. Eso sí, si queréis recoger alguna yo os recomiendo encarecidamente haceros primero de una sociedad micológica y empezar a salir con ellos para aprender a distinguir las pocas que son comestibles de todas las demás que son tóxicas o verdaderamente venenosas.
Lo pasaréis muy bien.