domingo, 6 de octubre de 2013

De Llanes hasta Avilés por el Camino del Norte a Compostela.

Un nuevo tramo del Camino de Santiago por la Costa os presento con unas cuantas fotos, desde Llanes hasta Avilés.
 Saliendo de Llanes nos vamos por caminos de tierra hacia Celorio. Los peregrinos cargan con sus mochilas y colchonetas para seguir unas jornadas más marchando hacia Compostela.

A la salida de Celorio abandoné las flechas amarillas y marché por la Ruta Costera de las playas. Una maravilla de camino al borde del mar. Aquí la primera de las playas, la de San Martín.

Después viene la Playa de Barro, muy famosa en la costa asturiana por sus finas arenas. Y seguimos caminando.

De la playa de Barro a la de San Antolín, en la foto, me despisté y anduve dos o tres kilómetros de más. Así que tuve que reponerme en el chigre de la playa tomando una gran jarra de cerveza. Hacía calor no excesivo, pero casi un 90% de humedad, y cuando vas con una mochila a cuestas eso se nota.
De aquí  continué siguiendo la ruta costera hasta abandonarla cerca de Villahormes, marché por la carretera hacia Nueva de Llanes, donde paré a comer, y después seguí por Cuerres hasta llegar a Ribadesella.

Encontré un estupendo alojamiento en Ribadesella y pasé el resto de la tarde hasta el oscurecer paseando por la playa y la villa. Un ambientazo fenomenal y una sidra estupenda tenían en la villa aquel día.

Al día siguiente, poco después del amanecer, inicié otra nueva etapa. Mi idea era andar hasta Colunga, pero el camino decide día a día lo haces y dejas de hacer. Adiós, bonita Ribadesella.
Quedan por delante unos cuantos kilómetros de subida hacia San Pedro y San Esteban de Leces.


Pero después se baja a Vega y a la pequeña playa de Vega, que se bordea para subir de nuevo al monte. Más playas nos esperan más adelante.

También bordeamos el Arenal de Moris, con Lastres a lo lejos. Las nubes venían cargadas de agua pero en la costa caminábamos con sol.

Al llegar a la Playa La Espasa, justo debajo de la Sierra del Sueve, me sorprendió un pequeño chaparrón y aproveché para parar un rato en un chigre de la playa y tomar una sidra.
No va a ser todo caminar y caminar, y mojarse por fuera; digo yo.


Al llegar a La Isla, eran poco más de las 13.00 horas, y en vista del idílico paisaje y que tenía albergue al lado mismo de la playa, decidí quedarme y dejar Colunga para el día siguiente. Era sábado y apetecía darse un chapuzón en la playa y cenar viendo el fútbol.



Amaneció un día maravilloso en la playa de La Isla, tan bonito que me despisté a la salida del pueblo y tuve que andar por los praos hasta tener Colunga a la vista. Aún así, al llegar paré para hacer compañía a los alemanes caminantes y tomar otro café tranquilamente. La etapa no había hecho más que comenzar.

Quedan muchos kilómetros por delante y muchas cuestas hasta llegar a San Salvador de Priesca. Aquí es donde encerraron, hasta casi su fallecimiento, al último rey de Asturias, Alfonso III, sus propios hijos García y Ordoño. Un estupendo templo del último arte prerrománico asturiano.
Ahora toca cuesta abajo.

Bajamos por La Vega y Sebrayo, caminos forestales, muy bonitos, al borde de un arroyo. Después de Sebrayo son carreteras comarcales para llegar hasta Villaviciosa.

Al llegar a Villaviciosa me encontré con la Fiesta de la Sidra Asturiana, ¿quieres un culín, pelegrín? Y me quedé en la villa.
Por la tarde Fiesta por el Desembarco del Emperador Carlos y su visita a la villa. Más culines. Y a descansar señorialmente, que el cuerpo te lo pide después no haber podido pegar ojo la noche anterior en el albergue de peregrinos.

Era lunes, me quedaba por delante la jornada más dura del trayecto, y encima, al llegar a la aldea de Casquita mis compañeros catalanes de Camino se marchaban hacia Oviedo para continuar por el Camino Primitivo hacia Compostela. Agur, y Buen Camino.

En compañía de un peregrino madrileño y un par de italianos subí el Alto de la Cruz, que tiene más de 400 metros de altitud la broma. Y dejamos atrás el Valle de Villaviciosa, La Sierra del Sueve y las playas. Nos vamos de monte.

Del Alto La Cruz hay que bajar ahora a la aldea de Peón, que tan maravillosos recuerdos me trae. Paré un rato con el madrileño y un par de alemanes en Casa Pepito, pero como estaba cerrado ¡de-sidra-tado completamente! tuve que beber agua del caño.
Y gracias, por que hacía un calorazo que no te imaginas. 28º grados a la sombra y 88% por cierto de humedad. Y me quedaba por delante otra cuesta de esas que te da la risa subiendo.

¿Atoyate n´el Camín? Me digo un güelu al verme llegar arriba con barro hasta las corvas. No, que va, los peregrinos levitamos. ¿Dónde se puede tomar una sidra en estos montes? Tira pa´lante, tira pa´lante, que la sidra no se ha agotao.

Efectivamente, en lo alto del Curbiello, hay un barín, mitad tienda de comestibles, que sirven sidra y cerveza a esgalla. Re-sidra-tado ya comencé a bajar a Gijón, que lo tenía a la vista. Pero quedan un montón de kilómetros.

Bajas por carreteras y caminos forestales, pasando al lado del Cementerio, hasta llegar al Camping de Deva. Aquí dejé a mis compañeros alemanes y continúe ruta bordeando Cabueñes en un recorrido que parece que nunca se va a terminar.

Llegando a las sidrerías de Somió me encontró mi hermano Javier y pude reponer líquidos en la única sidrería que estaba abierta ese lunes por la mañana. Aún quedaba bajar hasta Gijón. Otra tirada por calles y caleyas.

Un par de sidras más tarde alcanzamos el final de etapa: Sidrería La Xuanina; pedí que me llenaran una madreñina con cosas consistentes pues los peregrinos, con tanto levitar, se nos va el santo al cielo y no regimos correctamente. Hay que cargar algo para aterrizar.
Y una buena tarde pude disfrutar en Gijón, con la familia y un tiempo maravilloso para ser finales de agosto.

Y como no os quiero aburrir más con el tema del último día solo os contaré que tras la larga salida de Gijón hacia la Estación de Veriña después se sube por carreterillas hacia Poago y de ahí al monte para andar por los altos lejos de coches y tráfico.

Se sube y se atraviesa el Monte Areo, entre pinos y eucaliptos, hasta bajar a la iglesia de Santa Eulalia del Valle Carreño. Después hay seguir atravesando el Valle de Carreño para empezar a bajar a Avilés.

Pasamos por Tamón y Tabaza, donde ya encontramos un bar abierto. Se sigue caminando por el borde de la carretera hasta pasar por Silvota y Trasona. Otra sidra, que sudamos mucho.

Y sobre las tres y media ya había dejado la mochila en el albergue de peregrinos y estábamos buscando sitio para reponer fuerzas.
Fin de Camino del Norte por este año. Estaban con las Fiestas de San Agustín y había un ambientazo fenomenal en Avilés.

Otro año, si Dios quiere, volveré a Avilés para retomar de tirón el Camino del Norte hasta donde llegue. Es una zona, de Muros de Nalón en adelante, que ya conozco por haberla andado con la Asociación Leonesa de Amigos del Camino de Santiago, pero de domingo en domingo.
Este es su blog: http://caminosantiagoleon.blogspot.com.es/
Y si queréis ver más fotos y mejores comentarios de este tramo del Camino de Santiago por la Costa podéis mirar en mi blog:
http://caminodelasluciernagas.blogspot.com.es/