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domingo, 22 de julio de 2018

Año de buena música: Rossini.


Abrir paso al Bel Canto, y sorprenderos de lo que es capaz la voz humana. Joaquín Antonio Rossini fue su mejor exponente, nacido en el año 1792 en Pesaro, y fallecido en el 1868 en París reinó durante años en el mundo de la ópera italiana. Su primera ópera, La cambiale di matrimonio, data del año 1810, le seguirían otras diez hasta dar con su primer éxito: L'Italiana en Argeli; ya se le notaban maneras de compositor de éxito, era el año 1813.


Pero sería en el 1816 cuando dio el campanazo al componer El Barbero de Sevilla.  Beethoven había sacudido con poderosas ondas de choque la música europea con sus séptima y octava sinfonías, ¡danza, danza, danza! y adiós música clásica. ¿Qué hacer entonces? ¿Por dónde continuar? Mozart había triunfado con su Don Juan así pues Rossini intentó la misma jugada con otra obra de Beaumarchais, ¡y lo consiguió!
También es verdad que para ello contó en el estreno con el elenco extraordinario de la Compañía Barbaija, allí tenía para ensayar a nada más y nada menos que a Manuel García, el gran tenor, Giovanni Ruvini, y a la maravillosa Isabella Colbran. ¿Éxito mayúsculo? Pues no, las primeras representaciones se llevaron un buen montón de abucheos, pero poco fue ganando fama según la compañía recorría Italia y tipos como Verdi con el paso de los años se quedaban asombrados al escucharla.
Paisiello, Mosca y otros autores de óperas se tendrían que ir retirando a marchas forzadas. La gente quería a Rossini, y Rossini a la Colbran, así pues se casaron y triunfaron con obras como La Cenicienta, Semiramis, y sobre todo con Guillermo Tell. Los teatros se llenaban en cada representación, grandes fuegos de artificio.


Pero cuando toda Europa pensaba que Rossini sería el tirano de la música al fallecer Beethoven ¡dejó la ópera! O más bien la ópera le dejó a él, desavenencias con la Colbran harían que se separaran y que ya no compusiera ninguna más. Se fue a vivir a Francia y disfrutar de las rentas, el mundo vinícola y gastronómico tiene con él una deuda impagable; sencillamente se pasó el resto de su vida probando y publicitando los mejores caldos y platos culinarios de las bellas tierras francesas acompañado de su inseparable Olympe Pélissier.


Rossini no dejó de componer música, en especial misas, y una de las más famosas es la Misa de Gloria; todo el saber musical que había empleado en sus óperas lo empleará en unas misas como para dejar pasmado al más templado. Este es un buen ejemplo: un disco PHILIPS con Sir Neville Marriner dirigiendo su Academy y Chorus of St. Martin in the Fields. Y un elenco de solistas de primera división.



Un breve ejemplo de esta misa con el Qui Tollis en la voz de Juan Diego Flórez, estupendo.


Ya en sus últimos años compondría su famosa Pequeña Misa Solemne, dedicada al Emperador Napoleón III; el cual al escucharla, impertérrito, soltó aquello de: ni pequeña ni solemne ni misa siquiera... Pero Rossini era un genio imparable.



Escuchen el Domine Deus en la voz de Luciano Pavarotti y después me cuentan, la música se habría camino por muchos modos y maneras y Rossini quería dejar su legado antes de partir.



Pero sí, sobre todo fue un hombre de ópera y para la historia quedan unas cuantas de las suyas como este Barbero de Sevilla. ¡Ah, Fígaro! ¿no puedes parar un segundo? Cuántas veces no habré yo cantado este aria bajo la ducha...



La Cenicienta de la Bartoli me sigue pareciendo insuperable, ¿y a usted? Era una música puro encanto, la voz, la voz humana, ¿qué misterio contiene? Mozart había puesto el listón muy alto pero Rossini saltaba con pértiga, y estamos en el año 1817, casi toda Europa en la ruina más espantosa por causa de Las Guerras Napoleónicas y Rossini se lleva al teatro un cuento para niños, ¿estaba equivocado?



En el año 1821 Weber triunfa con su Cazador furtivo y después le seguirían otras estupendas óperas alemanas así pues: ¿adiós ópera italiana, adios, adios? Rossini compone entonces Guillermo Tell y deja pasmado a medio mundo; la ópera, su ópera, la que venía de Pergolesi todavía conocería días muy grandes, espléndidos, maravillosos, lo mejor estaba por venir: Donizetti, Verdi, ¿le suenan esos nombres? Ya llegaremos a ellos.
A la carrera vamos a seguir este año de buena música, y pasaremos muy buenos ratos con los discos y los vídeos, ¡disfruten!

sábado, 21 de julio de 2018

Acebedo-Lois-Reyero. Una bonita travesía.


Les invito a realizar una bonita travesía por la Montaña de Riaño, la occidental leonesa, desde Acebedo a Lois y de propina continuar hasta Reyero.
Son fotos de una excursión realizada con mi club, el SLAC-Collado Jermoso, en el mes de noviembre del año 2001. Una clara y soleada mañana llegamos a Acebedo y bien pertrechados salimos al monte, había un poco de nieve en la pista forestal pero sin mayores problemas para caminar.
Acebedo




Subimos por el Monte Cea siguiendo la pista del sendero PR-32, a nuestras espaldas vamos dejando la Sierra de Pármede y El Cornión.



Es una subida fácil y sencilla, ganando altura con suavidad hasta subir al Collado de Lois y teniendo delante el Pico Lázaro y los Picos de Mampodre.
http://www.clubdeportivoslac.org/



Parada de reagrupamiento del pelotón al llegar al alto del Collado de Lois, toca disfrutar de las vistas del Pico Burín y su zona. Nos vamos para abajo.



De la Collada Zapatera bajamos por el Valle de Llorada teniendo de frente el Pico Llerenes, Peña Cabeza y el Pico Yordas. Es un paseo muy bonito.



El Valle de Llorada es muy bonito, hay potros por todas partes, y tenemos el Pico Castaño de frente.



En Lois parada y fonda; digna de admirar es la Iglesona, o Catedral Roja de La Montaña Leonesa.
Lois


Salimos de Lois para continuar la excursión subiendo por Solapeña y el Canto Miradoiro Bajero.




Siguiendo a Tino Botas subimos a la Collada de Reyero, 1529, para disfrutar un buen rato. A nuestras espaldas tenemos el Pico Lázaro, el Valle de Llorada y Lois, la excursión de esta mañana, pero también vistas estupendas del Pico Llerenes y las Peñas Pintas.


Tan solo nos restaba bajar a Reyero por el Monte de los Pisones y limpiar bien las botas antes de subir al autocar.
Una bonita travesía para realizar con su club de senderismo, ¿no les parece?
Reyero